La historia de la República Democrática del Congo es un relato de codicia, guerra y dolor, pero también de resistencia ante la adversidad, generosidad y esperanza. Estas cualidades han estado a menudo encarnadas por esa mitad larga, el 53% de la población, que pese a la discriminación y la violencia que sufre ha permitido que el país no se desmoronara: las mujeres del Congo.

La imagen que se ofrece de ellas en Occidente es la de meras víctimas. Víctimas de una pobreza feminizada y de una guerra que empezó a mediados de los noventa, cuando Congo se convirtió en un escenario paralelo del genocidio de Ruanda. Aunque esta guerra acabó oficialmente en 2003, sus rescoldos siguen vivos en forma de violencia, depredación de los recursos minerales del país y presencia de 70 grupos armados en su región oriental, de acuerdo con el Grupo de Estudios sobre Congo de la Universidad de Nueva York. La imagen de la mujer como principal víctima de este conflicto no es falsa, pero no es toda la verdad. Más que víctimas, las congoleñas se consideran a sí mismas supervivientes.

Nacer mujer en Congo es una carrera de obstáculos. Ya en la infancia, los rígidos roles de género, la cultura patriarcal imperante y la pobreza hacen que se privilegie la educación de los varones. Sólo seis de cada diez niñas acaban la educación primaria y una de cada tres menores del mundo rural no pondrá nunca los pies en una escuela.

Después, el matrimonio y los embarazos precoces comprometen el futuro y la salud de las niñas. Casi una de cada tres adolescentes en Congo es madre antes de los 18 años y la media de hijos por mujer es de seis, según Naciones Unidas. La responsabilidad de mantener y educar a estas proles numerosas recae casi siempre sobre los hombros de la mujer. Además de ocuparse solas de las tareas domésticas y de los hijos, las congoleñas efectúan la mayor parte de los trabajos agrícolas. En las ciudades, se calcula que su actividad constituye el 70% del pequeño comercio informal. Basta con echar un vistazo a los mercados para comprender que la mujer es un pilar de la maltrecha economía de este país que ocupa el puesto 176 de 188 países en el índice de desarrollo humano de la ONU.

El acceso a la sanidad, al poder político y a una Justicia cara y corrupta no es más fácil para las congoleñas. La impunidad sigue siendo la norma, un hecho especialmente grave en un país donde se ha generalizado una terrible violencia sexual que inicialmente estuvo ligada al conflicto bélico. Sólo entre 1995 y 2010, Naciones Unidas documentó 200.000 violaciones, aunque probablemente han sido muchas más. Esta plaga llevó a una alta funcionaria de la ONU a definir Congo en 2010 como “la capital mundial de la violación”, un estigma que las congoleñas rechazan.

Este panorama sombrío tiene una cara que alumbra la esperanza: la lucha de las mujeres de este país, que está empezando a dar algunos frutos. Mujeres comprometidas como las que aparecen en este documental: activistas de derechos humanos, feministas, periodistas, abogadas, empresarias y artistas. Congoleñas pioneras en la denuncia de la violencia sexual y la discriminación de género en su país que con su ejemplo dan cada día un paso hacia la igualdad. Sus perfiles son diferentes pero todas coinciden en que sin las mujeres no habrá paz ni reconciliación en Congo.

 

 

Tras más de medio siglo en guerra, Colombia afronta un esperanzador escenario de negociaciones de paz entre el gobierno y la guerrilla de las FARC. Sin embargo, incumpliendo la resolución 1325 de las Naciones Unidas [pdf]que introduce la perspectiva de género en la resolución de conflictos, las mujeres están ausentes en el proceso pacificador: ni sus problemáticas, reclamaciones ni propuestas de paz están siendo escuchadas. Y precisamente son las mujeres las que más sufren las consecuencias de la guerra: la violencia sexual ha sido empleada por los tres actores de la guerra, los paramilitares, el Estado y la guerrilla; el reclutamiento de menores ha afectada a las niñas como combatientes pero también como esclavas sexuales; son el mayor porcentaje de población desplazada y la mayoría con cargas familiares…

Por ello, el Centro de documentación No habrá paz sin las mujeres da la voz a supervivientes, lideresas y profesionales para que sus vidas dedicadas a la paz no queden en el olvido, para aprender de sus experiencias y estrategias, para reivindicar su papel en la lucha por la construcción de una sociedad más justa y para conocer sus propuestas para la paz en los procesos de reconciliación, reconstrucción, reparación y justicia.

Desde sus fortalezas, valentía y capacidad de superación de los obstáculos, conocemos sus vidas y sus demandas a través de una exposición fotográfica a gran formato para instalar en mupis cedidos por más de 40 ayuntamientos asturianos y en espacios públicos, un libro fotográfico compuesto por postales con sus historias de vida, así como la web nohabrapazsinlasmujeres.com donde se publicarán entrevistas en vídeo con ellas. En esta web también se podrán encontrar la exposición fotográfica y el libro de postales en formato pdf con el fin de aumentar su divulgación y hacer llegar así el mensaje de estas mujeres al máximo número de personas posibles. Te los puedes descargar aquí y enviar las postales o colgar los pósters donde quieras.

La paz se construye entre todos y todas y estas mujeres defensoras de derechos humanos nos van a contar cómo lo hacen ellas en un escenario tan peligroso y complejo como Colombia.

No habrá paz sin las mujeres es un proyecto de la Agencia Asturiana de Cooperación al Desarrollo del Gobierno del Principado de Asturias

Agencia Asturiana de Cooperación al Desarrollo

 

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