Gloria Silva: “El que protesta contra el modelo económico es tachado de rebelde o miembro de una organización armada”

Entrevista y texto: Patricia Simón     Vídeos y fotos: Alex Zapico (Bogotá / Pitalito) L a juventud de Gloria Silva y su rostro de líneas suaves contrastan con su carácter lacónico, recio, adusto. Su sonrisas afloran más ante la ironía o la desazón, que ante las situaciones distendidas. Sólo ante las víctimas a las que representa, como las Madres de Soacha o los campesinos desplazados de Pitalito, su talante se suaviza y la empatía aflora. Sus palabras y tono se tornan atentos y cercanos, y los que han depositado en ellos la esperanza de la justicia se sienten tranquilos, respaldados y protegidos con su presencia. Gloria, con su larga melena casi siempre recogida en una coleta y su pequeña estatura, se transforma en témpano en la tribuna de los juzgados, donde desde su sillón de la acusación es observada, por ejemplo, por militares acusados de ejecuciones extrajudiciales llamadas comúnmente ‘falsos positivos’ por haber asesinado a civiles pobres para presentarlos como bajas en combate contra las guerrillas para mejorar la imagen del Ejército. En sus años de estudiante tuvo una crisis con el derecho, “uno lo entiende como una institución que sirve principalmente a las clases poderosas de este país, por lo que no encontraba la forma de hacer compatible la carrera con los intereses populares”. Por aquel entonces, todavía se podían hacer prácticas a través de la universidad en la Fundación Comité de Solidaridad con los presos políticos, una entidad dedicada a la defensa jurídica de personas acusadas de guerrilleras, pero también de líderes sociales, estudiantiles, sindicales, comunitarios que en muchos casos han sido acusados de vínculos con...

Yoladis Zuñiga: “Sufrí violencia sexual pero no me vencieron”

Texto Patricia Simón     Entrevista: Patricia Simón y Rocío Muñoz (Barranquilla) A Yoladis Zuñiga ser pobre, campesina y mujer le ha costado tan caro que muchas mañanas, cuando se despertaba, sólo deseaba estar muerta. Tanto que intentó suicidarse en varias ocasiones. En cambio, hace no tanto tiempo pero sí muchas muerte, en los 90, lideraba un comité campesino para exigir una mejora de las condiciones de vida de su comunidad, donde construyó la primera escuela con sus propias manos. Las mismas que años después recogerían el cuerpo acribillado de su marido. En el año 2000, Yoladis fue violada por diez paramilitares y el mismo día delante de su esposo, que después fue asesinado, en una masacre que acabó con la vida de 100 personas en sólo cuadro días en El Salado, una localidad del norte colombiano en el departamento de Bolívar. Miembros de la Infantería de Marina colaboraron en la matanza. Como el resto de sus vecinos, Yoladis fue obligada a abandonar su pueblo. “Huir con tus hijos escondiéndote entre los árboles mientras te disparan es algo que te marca para siempre”. Sin ninguna ayuda del Estado, como la mayoría de los 5 millones de desplazados que la guerra ha generado en Colombia, tuvo que prostituirse para sacar adelante a sus niños. Gracias al apoyo de la Corporación Sisma Mujeres y otras ONG, se ha recuperado física y psicológicamente, y se ha capacitado para apoyar a otras mujeres víctimas de la violencia sexual, un arma de guerra empleada por tres actores del conflicto: los paramilitares, el Estado y, en menor, medida, la guerrilla de las FARC. Hace ya...

Campesinas y estudiantes contra la fiebre del oro

Entrevistas y texto: Patricia Simón           Vídeo y fotografías: Alex Zapico (Piedras, Tolima) Liderada por sus mujeres, una pequeña comunidad de Colombia lleva meses abanderando la resistencia contra dos gigantes: la gran apuesta económica del presidente Santos y la minera multinacional AngloGold Ashanti. Y lo hacen armados con una determinación inquebrantable a no perder lo único que tienen: la tierra que da de comer a sus hijos. La exmonja y actual lideresa del ‘No’ a La Colosa, Ángela Méndez, resume así estos meses de lucha: “Hemos sido un ejemplo para el país, estamos dando la batalla a una empresa que es un monstruo al que nadie le ha salido al paso en el mundo. Nosotros, un pequeño pueblo de gente sana, lo hemos hecho sin provocar un derramamiento de sangre, todo dentro de la normalidad. La policía y el ejército sí atropellaron a la comunidad. Qué cobardía la del Estado, atropellar a gente que no tiene nada en sus manos”.  Tres mujeres hacen guardia frente a un desvencijado puente de piedra. Si llegan las máquinas, los camiones, los trabajadores que pretenden explorar el subsuelo, darán la voz de alerta a sus vecinos para volver a interponerse en su camino, como ya lo han hecho en anteriores ocasiones, hasta que den media vuelta y se vayan por donde han venido. Así desde hace siete meses, así, a base de agallas, impidieron a la tercera empresa aurífera más grande del mundo abrirse camino hasta su territorio, a los militares que les acompañaban, a los policías montados a caballo. El municipio de Piedras, en el departamento de Tolima,...

“Tengo la obligación con la gente y conmigo misma de estar viva”

Entrevista y texto: Patricia Simón      Vídeo y fotos: Alex Zapico (Bogotá) Cuando Mari La negra nació y su padre descubrió que era niña, decidió obviarla. De ahí dice que le viene su lucha contra el patriarcado esta afrodescendiente que ya a los catorce años trabajaba en los barrios empobrecidos de Cartagena. Con apenas veinte años y un bebé, esta trabajadora social es encarcelada y violada por agentes del Estado para torturarla por su relación con el sindicalismo. Mari se refugió entonces en la mina de El Cerrejón donde, disfrazada de hombre, arrancaba carbón sin descanso para no pensar. Pocos meses después, lideraba la formación del primer sindicato en esta empresa que hoy día exporta carbón a Asturias. Las amenazas volvieron a obligarla a huir, pero allá donde ha ido desde entonces no ha cejado en su empeño por mejorar las condiciones de vida de las víctimas de la guerra y la pobreza: construyendo colegios y fomentando el asociacionismo y la denuncia social. A María de Jesús de L’Hoeste nadie la conoce por este nombre, pero casi todo el mundo en el ámbito de los derechos humanos la conoce. Mari ‘La Negra’ tiene 50 años y nació hace mil vidas en Cartagena, la ciudad turística por excelencia, donde se celebran los grandes fastos internacionales “en los que se reparten los recursos y riquezas de nuestro país” y donde la miseria se representa con frías cifras como un 76% de desempleo y sus miserables consecuencias, “niños que se mueren de hambre”, nos recuerda. Cuando su madre la dio a luz, su padre, convencido de que iba a ser varón,...

Beligerarte, grafitis para la transformación social y la memoria histórica

Entrevista: Patricia Simón Vídeo y fotos: Alex Zapico   Sara, Erika y Karen son integrantes de Beligerarte, un colectivo integrado por sociólogas y sociólogos que en colaboración con asociaciones de la población civil ha llevado la memoria histórica a las calles de Bogotá, cuya alcaldía de Gustavo Petro ha desarrollado una política cultural de divulgación del grafiti y el arte callejero. Cada una de ellas ha interiorizado la guerra desde entornos diferentes. Como cada colombiano. Erika, a través de su tío, estudiante de medicina y líder estudiantil. Sara, a través de su madre, trabajadora social que llevaba a sus hijos a celebrar los días festivos con las familias desplazadas. Karen, tras estudiar en un colegio de monjas, en la universidad donde buscó sus afinidades entre distintos grupos de activistas. En un país donde muchos padres responden a sus hijos que para qué van a estudiar sociología, si para tirar piedras en las manifestaciones, estas tres jóvenes encontraron en la apropiación del espacio público la vía para volcar su formación, tiempo y esperanzas en forma de grafitis que denuncian las violencias estructurales del país. “En estos procesos de paz, de reconstrucción del país, y de la reparación que está tan de moda, nosotros estamos haciendo una apuesta política para que la sociedad haga parte de estos procesos. Y no sólo que lean un informe, sino que se sientan involucrados y que generen alguna acción”, nos explica Sara en la casa de uno de los compañeros de Beligerarte y sede del movimiento. Rodeadas de tarros de pinturas, cartulinas y libros, Erika apunta que “aún no se puede hablar de un contexto...