No habrá paz justa en Colombia sin las mujeres exiliadas

Por Patricia Simón  Colombia pasó de un presidente, Álvaro Uribe, que negaba la existencia misma de una guerra -que dura ya más de medio siglo- a otro, Juan Manuel Santos que no dudó en calificar la situación de posconflicto apenas empezaron las negociaciones de paz con las FARC -hace ya un año y medio- y mientras los combates entre el Ejército y la guerrilla se suceden. Mientras, su ciudadanía sigue sufriendo las consecuencias de una guerra que se ha cobrado la vida de más de 220.000 personas según cifras oficiales, el desplazamiento forzado de seis millones de personas y el exilio de decenas de miles de colombianos. La cifra exacta se desconoce porque cuando el Estado es uno de los actores armados, los exiliados temen registrarse como refugiados -y dar información sobre su persona, lugar de residencia, familiares- en los consulados y embajadas de sus países. Cuando el país en cuestión sufre unos altos índices de desigualdad, los refugiados –víctimas también del empobrecimiento ocasionado por la guerra–, terminan siendo identificados como migrantes económicos. Y cuando las políticas de cierre de fronteras de los países de acogida, les obligan además a entrar de manera clandestina a unas personas que sólo buscan un lugar seguro donde sobrevivir, además de estar exponiéndoles a todo tipo de abusos, les están invisibilizando y negándoles su identidad misma. Pero cuando además, ese país, Colombia, se encuentra sumido en un proceso de paz con una de las partes del conflicto, y omite la participación de las mujeres exiliadas en las negociaciones, no sólo está incumpliendo la resolución 1325 de las Naciones Unidas -que insta a que...

Gloria Luna Rivillas: “Mi dignidad como mujer, negra, chocoana y latinoamericana no la negocio con nadie”

Entrevista: Patricia Simón @patriciasimon y Rocío Muñoz Texto y fotos: Patricia Simón (Quibdó, Colombia) Gloria Luna Rivillas es portavoz de la Red Departamental de Mujeres Chocoanas, una organización dedicada a la lucha por la igualdad de oportunidades de las mujeres afrodescendientes. El paramilitarismo y la guerrilla de las FARC, en menor medida, siguen controlando la vida cotidiana de muchos de los habitantes de El Chocó, el departamento más pobre de Colombia pese a aportar algunos de los yacimientos mineros más lucrativos del país. El papá de Gloria Luna no tenía dinero para comprar los libros cuando estudiaba. Era uno de los poquísimos negros que había llegado a la universidad de Antioquia por aquellos tiempos, por lo que algunos profesores les dejaban los suyos. El papá se los dictaba a la mamá de Gloria y ella los transcribía. Así se sacó él su carrera de medicina, con los libros manuscritos por su mujer. Durante tres horas Gloria Luna nos ha estado contando su medio siglo de vida, su lucha estudiantil, su trabajo con otras mujeres por la igualdad, las amenazas que ha sufrido, los amigos que la escondieron en su casa, que su dignidad como mujer, negra, chocoana, colombiana y latinoamericana no la negocia con nadie. El único momento en el que llora es cuando recuerda cómo sus entonces jóvenes padres se recitaban las claves para curar a los habitantes de su Chocó, el departamento más pobre, más aislado y desprotegido por el Estado de Colombia. El hecho de que más del 80% de su población sea afrodescendiente, el 12% indígenas y el resto mestizos, revela el racismo estructural que...

Ana Julia Castrillón: Exilio y enfermedad por ser periodista en Colombia

Entrevista Patricia Simón y Rocío Muñoz (Bogotá) Texto Patricia Simón Ana Julia y su esposo, el también periodista Hever Erazo, nos reciben en su casa en el violento barrio bogotano de Rafael Uribe Uribe. Un bajo de apenas 40 metros convertido en hogar y redacción, o viceversa. Una primera estancia de cinco metros cuadrados adornada con algunas de las portadas más emblemáticas de El Informativo, el periódico que fundaron en el 95 en la región del Cauca -una de las más asoladas por el conflicto colombiano- y que llegó a convertirse en el segundo más importante del departamento gracias a su vocación comunitaria, dando voz a habitantes de zonas incomunidadas y ninguneadas hasta entonces. Un segundo habítaculo, de otros cuatro metros cuadrados, desde el que han construido su segundo medio, Lectura al Sur, con el que han conseguido la titánica tarea de implicar a los habitantes de este barrio -muchos de ellos desplazados por la guerra como los propios periodistas-, y ahora acosados por la pobreza, los homicidios y el olvido estatal. Al lado, en poco más de 4 metros cuadrados, las camas donde duermen ellos y su hijo menor. Por último, unos pocos metros más que la pericia arquitectónica de estos periodistas ha conseguido transformar en una acogedora cocina y el baño. Éste es el último hogar en el que Ana Julia y Hever han tenido que volver a reinventarse, tras sobrevivir a las amenazas y el exilio, siempre como periodistas, siempre comunitarios, siempre del lado opuesto de los políticos, los grupos armados y la oligarquía. En Colombia, un país donde ejercer este periodismo cuando no te lo...

Ángeles Ospina: curando el dolor de la guerra

Entrevista y Texto: Patricia Simón Vídeo: Alex Zapico (Bogotá) “En Colombia el conflicto es brutal, es muy duro, es atroz y nosotros atendemos todas sus afectaciones: mujeres supervivientes de masacres, de atentados, a las que han asesinado sus maridos o sus hijos, las madres de los falsos positivos, el desplazamiento forzado, la tortura física y psicológica. Detrás de cada violación de derechos humanos está la tortura. También atendemos casos de violación sexual en el marco de la guerra de mujeres, hombres, niñas… Varios casos hemos tenido a ese nivel. Y tras estos traumas con todas sus afectaciones psicosociales y los duelos, está el miedo. En todas estas víctimas está siempre presente el miedo”. La socióloga Ángeles Ospina recuerda perfectamente cuándo vio literalmente el miedo en otra persona. “Tengo dos hijos y cuando estaban chiquitos yo les decía ‘el miedo no existe’… Había muchas bombas en aquel tiempo y yo les había dicho que si cualquier cosa sonaba fuerte, nos tiramos al suelo y nos vamos al corredor. Y pusieron una bomba en una sede política cerca de nuestra casa. Entonces yo grité ‘al corredor’ y mi hijito, que tenía como tres años, me dijo ‘Mami, el miedo sí existe, lo tengo aquí, lo tengo aquí’ señalándose el pecho. Eso me llevó a pensar en los niños de las regiones cuando oyen los helicópteros, los bombardeos.. ¿Cómo asume el miedo un niño? ¿Cómo lo maneja? En la medicina bioenergética hay muchas técnicas sencillas para el manejo del miedo, por ejemplo”. Ángeles Ospina es la directora del Centro de Atención Psicosocial de Apoyo a las Víctimas Bogotá, una institución que atiende a víctimas del conflicto, defensores...

María Ovidia Pelechor: “No hablen de paz cuando ni siquiera están escuchando lo que quieren las mujeres”

Entrevista y texto: Patricia Simón Vídeo: Alex Zapico (Popayán, Departamento del Cauca) María Ovidia no necesita revestir sus palabras de un tono tajante ni altisonante para atrapar con su discurso. Ni siquiera mover las manos ni los brazos, abrigados bajo el poncho de lana tejido en su pueblo andino yanacona. Tampoco necesita subrayar las dudas, el dolor ni las esperanzas con movimientos de cejas o silencios prolongados. María Ovidia se verbaliza a ella, como si su propia historia reuniera la de los pueblos originarios colombianos, con voz bajita y pausadamente. Como cuando la guardia indígena –el ejército de “guerreros de paz” del Cauca conformado por hombres, mujeres y niños indígenas– estremece con su poder con su sola presencia y el golpeteo sordo de sus bastones de mando. “¿Qué va a suceder con las víctimas? ¿Qué va a suceder con los pueblos indígenas? Porque realmente es un proceso bilateral entre el gobierno y las FARC. No han incorporado las propuestas de la sociedad civil ni de los pueblos indígenas. Las mujeres les hemos dicho que no hablen de paz cuando ni siquiera nos están escuchando (…) No necesitamos más violencia, no necesitamos que nuestros hijos sean llevados por los grupos armados, ni que el gobierno a través de las fuerzas militares recluten a nuestros jóvenes, ni que enamoren a nuestras niñas… Si esto es en este contexto, ¿cómo será cuando salga tanta gente acostumbrada a manejar las armas, a promover la violencia? ¿Será que va a pasar lo mismo que en El Salvador, que en Guatemala?“. María Ovidia Pelechor es un reconocida lideresa integrante del Consejo Regional Indígena del Cauca...

Esther Martínez, maestra de niños y niñas desplazados

Entrevista y texto: Patricia Simón Fotos y vídeos: Alex Zapico (Pitalito / Departamento de Cesar) A quince horas de Bogotá se está desarrollando la prueba definitiva de eficacia de una de las leyes más cuestionadas y publicitadas del gobierno de Juan Manuel Santos, la ley de víctimas y restitución de tierras. La comunidad de Pitalito, diecisiete familias que fueron obligadas a abandonar sus casas, cultivos y forma de vida, retornó a sus tierras sin esperar que un juez les diera autorización. Tras meses de resistencia, han vuelto a ser expulsados por un terrateniente productor de palma de aceite. Tras trece horas de conducción desde Bogotá, entre kilómetros y kilómetros de cultivos de monocultivo de palma africana y adentrarnos finalmente en los caminos de tierra de entrada a la cordillera Serranía del Perija, en el departamento de Cesar, unas banderas colombianas izadas custodian un “puesto de vigilancia” construido con plásticos y palos. Bajo éste, dos mujeres nos dan la bienvenida. Una lona con la pintada “Pitalito resiste con dignidad” da entrada a un campamento de habitáculos construidos con plásticos y palos, donde cocinan, duermen y estudian los adultos y niños que viven en la comunidad de Pitalito. Aquí, desde 1985, familias campesinas desplazadas por la guerra de otras regiones han subsistido de sus cultivos. Tras sufrir varios desplazamientos por los ataques del paramilitarismo, muchas de ellas empezaron a volver en 2006 a esta reserva forestal, como el 80% del campesinado de esta país que labora en estos espacios, sin títulos de propiedad, y donde la reforma agraria sigue siendo el eterno asunto pendiente, también en las actuales negociaciones entre la...