Sundus Azza: “No voy a abandonar mi barrio porque es lo que Israel busca para quitarnos más y más territorio”

Entrevista y edición vídeo: Patricia Simón @patriciasimon Imagen: Alex Zapico @zapicoalex, Ramzi Maqdisi y Patricia Simón Subtitulado: Ana D. Eiriz @moresby Comenzamos una serie de tres reportajes por la ciudad de Hebrón, la más poblada de Cisjordania y la única en cuyo mismo barrio histórico hay un asentamiento de colonos israelíes. En la azotea de la casa de Sundus hay tres depósitos de agua. Sólo uno funciona, de metal. Los otros, de plástico negro, han sido agujereados por los disparos de de los colonos que viven alrededor de su casa. Sobre la entrada de la vivienda, una valla metálica protege a su familia de las piedras, cristales y basura que le arrojan sus vecinos, sus enemigos, con los que está obligada a convivir. A los que teme cada vez que los presiente a su espalda, cuando se cruza con ellos de camino o vuelta de la universidad. Sundus vive en una ciudad palestina, Hebrón, la segunda más poblada de Cisjordania con 180.000 habitantes. De hecho, vive en el centro histórico. Y sin embargo, diariamente, tiene que pasar varios controles militares israelíes, aguantar el hostigamiento y los insultos de sus vecinos, y temer por su seguridad y la de su familia. Estamos en H2, un asentamiento israelí situado en el corazón mismo de una población palestina -llamado así por tratarse de la extensión -un 20% del total del municipio- controlada por el Ejército israelí frente al H1, bajo control palestino. Aquí muchos de sus colonos se mueven con el revolver visible, colgado del cinto, para sembrar el terror entre sus vecinos palestinos. En cualquier caso, aunque no fueran armados, los...

Carmel Ghoul: “La ocupación está en todas partes, en toda nuestra vida, nos atraviesa”

Entrevista y edición: Patricia Simón @patriciasimon Imagen: Alex Zapico @zapicoalex Traducción: Ramzi Maqdisi Subtitulado: Ana D. Eiriz @moresby Carmel, cantante del grupo de rock 12 Richter, decidió ser arquitecta para ayudar a sus vecinos palestinos de Jerusalén Este a los que Israel impide reformar o construir casas con el fin de que terminen abandonando la ciudad santa. Carmel no puede casarse con la persona a la que ama porque el gobierno sionista no permite a los palestinos de Cisjordania viajar o vivir en Jerusalén, ni siquiera en la parte palestina. Si fuese ella quien se mudara con su novio, perdería su permiso para residir o volver a su ciudad. La voz de Carmel Ghoul se abre paso con rotundidad entre las guitarras, la batería, el teclado.  Su formación en música árabe clásica se intuye en los juegos vocales con los que termina los estribillos. Pero la rabia del rock refuerza el mensaje en el que Carmel terminó de encontrar la comodidad para su arte. Canta sobre niñas palestinas “que no entienden de Acuerdos de Oslo y toda esa basura”. Sobre la bandera palestina, que será prohibida en breve como otros “emblemas enemigos” por el gobierno israelí en manifestaciones; de muros y check points que hacen que “la ocupación atraviese nuestras vidas”. De hecho, para poder ensayar diariamente con su grupo 12 Richter, Carmel tiene que venir a Ramala desde Jerusalén. Un viaje que no llevaría más de media hora si no tuviera que pasar el control militar israelí de Qalandia, el más importante de Cisjordania y donde nunca se sabe si se tardará quince minutos o varias horas. Dependerá...

Waed Ayyash: “Trabajo con niños palestinos víctimas de la ocupación para que no acaben asesinados por el Ejército israelí o por los colonos, como mi hermano pequeño”

Texto: Patricia Simón Fotografías: Alex Zapico (Jerusalén) Jerusalén, la ciudad sagrada para las tres religiones monoteístas vive desde hace semanas uno de sus mayores niveles de militarización desde la Segunda Intifada, en el año 2000. Los enfrentamiento entre el Ejército israelí y grupos de jóvenes en los barrios de Jerusalén Este, la zona palestina, se han intensificado durante las últimas semanas. Protestan contra la ocupación, las restricciones para el acceso a la mezquita Al Aqsa -el tercer lugar sagrado para el Islam-, la llegada continua de nuevos colonos, el asesinato de varios adolescentes palestinos en los últimos meses… Todo ello cuando el recuerdo de los más de 2.200 palestinos asesinados este verano en Gaza -la mayoría de ellos niños, niñas y civiles- y los más de 11.000 heridos, muchos de ellos mutilados y con secuelas permanentes, sigue muy vívido en la sociedad palestina. El reciente anuncio del primer ministro, Benjamín Netanyahu de construir 1.000 viviendas en la parte oriental de la ciudad así como nuevas infraestructuras en Cisjordania, ha avivado una tensión ya de por sí permanente y cotidiana. Los más de 300.000 palestinos que viven en los barrios del Este están habituados a vivir en una ciudad sitiada, militarizada y donde los cortes de tráfico y los controles policiales son cotidianos e injustificados, convirtiendo sus vida en una carrera de obstáculos. El mismo día 14 de octubre, mientras un grupo de judíos ultraortodoxos irrumpía en la mezquita de Al Aqsa, otro de colonos tomaba –con el apoyo del Ejército– 23 viviendas en el barrio árabe de Silwan, donde ya son 29 las habitadas por familias judías. Todo ello,...

Estreno 10 de diciembre “No habrá paz sin las mujeres Palestina”

Estreno “No habrá paz sin las mujeres Palestina” from No habrá paz sin las mujeres on Vimeo. Subtítulos en español disponibles en la pestaña CC del reproductor Por segundo año, damos voz a las mujeres castigadas por un conflicto. Esta nueva edición de No habrá paz a las mujeres está dedicada a Palestina. Y puesto que el gobierno israelí acaba de anunciar una nueva serie de medidas legales contra los palestinos, entre las que se encuentra la prohibición de mostrar su bandera y otros emblemas “enemigos” en manifestaciones, hemos decidido lanzar la campaña con este vídeo basado en una de nuestras entrevistadas, Carmel Ghoul, arquitecta y cantante del grupo de Ramala 12 Richter, dedicado a la bandera palestina. Decidimos centrarnos en el conflicto vigente más largo ante el temor de que estuviera convirtiéndose en una crisis humanitaria olvidada. Entonces, llegaron los ataques israelíes contra Gaza este verano, sus más de 2.200 muertos -la mayoría de ellos, niños, niñas, mujeres y hombres civiles- y los más de 10.000 heridos. Una tragedia descomunal que ha sacudido no sólo a los gazatíes, sino también a los palestinos de Cisjordania, Jerusalén Este, y a los defensores de derechos humanos israelíes. Un año más, daremos voz a mujeres que además de ser víctimas de la guerra, la ocupación, el apartheid, el desplazamiento, el derribo de sus hogares, el empobrecimiento y la muerte de sus seres queridos, trabajan diariamente por la justicia, la paz y la dignidad. Mujeres palestinas en su inmensa mayoría, pero también israelíes que por sus denuncias públicas a las políticas israelíes, son criminalizadas y difamadas. Os invitamos a conocerlas a partir del día 10...

Gloria Luna Rivillas: “Mi dignidad como mujer, negra, chocoana y latinoamericana no la negocio con nadie”

Entrevista: Patricia Simón @patriciasimon y Rocío Muñoz Texto y fotos: Patricia Simón (Quibdó, Colombia) Gloria Luna Rivillas es portavoz de la Red Departamental de Mujeres Chocoanas, una organización dedicada a la lucha por la igualdad de oportunidades de las mujeres afrodescendientes. El paramilitarismo y la guerrilla de las FARC, en menor medida, siguen controlando la vida cotidiana de muchos de los habitantes de El Chocó, el departamento más pobre de Colombia pese a aportar algunos de los yacimientos mineros más lucrativos del país. El papá de Gloria Luna no tenía dinero para comprar los libros cuando estudiaba. Era uno de los poquísimos negros que había llegado a la universidad de Antioquia por aquellos tiempos, por lo que algunos profesores les dejaban los suyos. El papá se los dictaba a la mamá de Gloria y ella los transcribía. Así se sacó él su carrera de medicina, con los libros manuscritos por su mujer. Durante tres horas Gloria Luna nos ha estado contando su medio siglo de vida, su lucha estudiantil, su trabajo con otras mujeres por la igualdad, las amenazas que ha sufrido, los amigos que la escondieron en su casa, que su dignidad como mujer, negra, chocoana, colombiana y latinoamericana no la negocia con nadie. El único momento en el que llora es cuando recuerda cómo sus entonces jóvenes padres se recitaban las claves para curar a los habitantes de su Chocó, el departamento más pobre, más aislado y desprotegido por el Estado de Colombia. El hecho de que más del 80% de su población sea afrodescendiente, el 12% indígenas y el resto mestizos, revela el racismo estructural que...