No habrá paz justa en Colombia sin las mujeres exiliadas

Por Patricia Simón  Colombia pasó de un presidente, Álvaro Uribe, que negaba la existencia misma de una guerra -que dura ya más de medio siglo- a otro, Juan Manuel Santos que no dudó en calificar la situación de posconflicto apenas empezaron las negociaciones de paz con las FARC -hace ya un año y medio- y mientras los combates entre el Ejército y la guerrilla se suceden. Mientras, su ciudadanía sigue sufriendo las consecuencias de una guerra que se ha cobrado la vida de más de 220.000 personas según cifras oficiales, el desplazamiento forzado de seis millones de personas y el exilio de decenas de miles de colombianos. La cifra exacta se desconoce porque cuando el Estado es uno de los actores armados, los exiliados temen registrarse como refugiados -y dar información sobre su persona, lugar de residencia, familiares- en los consulados y embajadas de sus países. Cuando el país en cuestión sufre unos altos índices de desigualdad, los refugiados –víctimas también del empobrecimiento ocasionado por la guerra–, terminan siendo identificados como migrantes económicos. Y cuando las políticas de cierre de fronteras de los países de acogida, les obligan además a entrar de manera clandestina a unas personas que sólo buscan un lugar seguro donde sobrevivir, además de estar exponiéndoles a todo tipo de abusos, les están invisibilizando y negándoles su identidad misma. Pero cuando además, ese país, Colombia, se encuentra sumido en un proceso de paz con una de las partes del conflicto, y omite la participación de las mujeres exiliadas en las negociaciones, no sólo está incumpliendo la resolución 1325 de las Naciones Unidas -que insta a que...

Pnina Feiler: polaca, israelí, 92 años y toda una vida gritando contra las Ocupaciones de Palestina

  Entrevista, texto y vídeo Patricia Simón @patriciasimon Vídeo y fotos Alex Zapico @zapicoalex Edición vídeo Manuel G. Postigo   Pnina Feiler tiene una historia de libro, o mejor dicho, su vida es un libro de Historia. Nacida en una familia judía en Polonia en 1923, tuvo que abandonar su país después de que su hermano fuera condenado por participar en un mitin callejero comunista. El chaval tenía 15 años, el Partido Comunista estaba prohibido en su país y la única opción que tenía para no pagar su delito con cárcel era declararse sionista y que tenía planeado viajar a Palestina para instalarse allí. “El sionismo y el comunismo no se llevaban bien”, explica Pnina. Así desmentía su filiación política. Su madre, viuda, y ella siguieron a su hermano y se instalaron en Tel Aviv en 1938, un año antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial. “Caí rendida ante sus playas, su clima. Venía de Polonia donde ya era otoño y de repente me encontré con esto. No tengo palabras para explicar lo que sentí”. Pnina es ahora una enfermera israelí de 92 años que fuma como una carretera, viste calcetines rojos, coleta punky y ha dedicado su vida a la lucha contra la Ocupación. Primero contra la británica, después contra la sionista. Durante la última ofensiva contra Gaza, que se cobró la vida de más de 2.000 personas y 10.000 heridos, sacó todas sus fuerzas para manifestarse contra los crímenes de guerra que veía desde su televisor. “Fui porque sentía que me volvería loca si no hacía algo. La gente me decía: “Eres tonta, estás totalmente loca. ¿Por qué...

“Es importante que haya ganado Netanyahu para que el mundo sepa cómo funciona Israel”

Juani Ruiz Sánchez, también conocida por el apellido de su marido, Rishmawi, lleva más de dos décadas viviendo en Palestina, en concreto, en Beit Sahour, una localidad cercana a Belén, en Cisjordania. Allí trabaja como coordinadora de la ONG Health Worth Commitees (HWC), que según sus cifras, atiende a más de 400.000 personas. “En Palestina siempre estamos en estado de emergencia así que nuestro objetivo es asegurar que los enfermos tengan un sitio donde acudir y mantener los programas de atención a las mujeres y los niños, y de prevención a través de la educación en las escuelas”. Conversamos con ella con motivo de una de las visitas regulares que suele hacer en España para dar a conocer la situación que viven los palestinos y cuidar las relaciones con las organizaciones que apoyan el trabajo de HWC. ¿Qué cambios ha notado en la sociedad española con respecto al conflicto israelopalestino en estas dos décadas de activismo? Ha habido un cambio enorme en estos 22 años que llevo difundiendo la causa palestina. Pertenezco a una generación que empezó a denunciarla allá por el 92. Al principio había muy poca gente que la conociera, pero a partir de los Acuerdos de Oslo y lo ocurrido durante la primera Intifada, se divulgó mucho el conocimiento de este pueblo que ya lleva 67 años ocupado. A veces tenemos que recordar que no luchamos por cuestiones religiosas, que es en lo que Israel hace hincapié interesadamente. De todas formas, a los asistentes a las charlas les digo que no separen la situación que está pasando Palestina, Chile, España o las crisis humanitarias de África. Se...