Ana Julia Castrillón: Exilio y enfermedad por ser periodista en Colombia

Entrevista Patricia Simón y Rocío Muñoz (Bogotá) Texto Patricia Simón

Ana Julia y su esposo, el también periodista Hever Erazo, nos reciben en su casa en el violento barrio bogotano de Rafael Uribe Uribe. Un bajo de apenas 40 metros convertido en hogar y redacción, o viceversa. Una primera estancia de cinco metros cuadrados adornada con algunas de las portadas más emblemáticas de El Informativo, el periódico que fundaron en el 95 en la región del Cauca -una de las más asoladas por el conflicto colombiano- y que llegó a convertirse en el segundo más importante del departamento gracias a su vocación comunitaria, dando voz a habitantes de zonas incomunidadas y ninguneadas hasta entonces. Un segundo habítaculo, de otros cuatro metros cuadrados, desde el que han construido su segundo medio, Lectura al Sur, con el que han conseguido la titánica tarea de implicar a los habitantes de este barrio -muchos de ellos desplazados por la guerra como los propios periodistas-, y ahora acosados por la pobreza, los homicidios y el olvido estatal. Al lado, en poco más de 4 metros cuadrados, las camas donde duermen ellos y su hijo menor. Por último, unos pocos metros más que la pericia arquitectónica de estos periodistas ha conseguido transformar en una acogedora cocina y el baño. Éste es el último hogar en el que Ana Julia y Hever han tenido que volver a reinventarse, tras sobrevivir a las amenazas y el exilio, siempre como periodistas, siempre comunitarios, siempre del lado opuesto de los políticos, los grupos armados y la oligarquía. En Colombia, un país donde ejercer este periodismo cuando no te lo hacen pagar quitándote la vida, te puede costar tantas pérdidas, duelos y miedo que como en el caso de ellos, puede terminar arrebatándote la salud. Aquellos que les llamaron para darles 24 horas para abandonar su hogar, su profesión y su entorno querían callarles la voz. Los sucesivos desplazamientos que han vivido desde 2004 y el posterior exilio en Argentina en 2006 les salvó la vida pero casi les arrebata la visión. En el caso de Herber, perdiendo en la práctica la visión por una pérdida de movilidad de los párpados, una rara enfermedad provocada por el estrés que le obliga a subirse los párpados manualmente para poder ver y andar el resto de tiempo con bastón para ciegos. Mientras, Ana Julia se enfrentaba a un tumor cancérigeno cerca del lagrimal que le fue extirpado exitosamente.

 

La periodista Ana Julia Castrillón

La periodista Ana Julia Castrillón

Según un informe elaborado en 2003 por la Organización Panamericana de la Salud y el Ministerio de Protección Social, la inciencia de enfermedades mentales entre la población desplazada colombiana es significativamente mayor que la media general del país y entre los encuestados el 11,3% reconoció haber tenido pensamientos suicidas en los últimos 30 días y de ellos, el 70% presentaba síntomas de sufrir enfermedades mentales como depresión, ansiedad, estrés… Trastornos que debilitan el sistema inmunológico, favoreciendo la aparición y/o agravamiento de otras afecciones. Pero como recogía un Especial sobre el impacto del conflicto en la salud mental realizado por la revista colombiana Semana, “los expertos prefieren hablar de sufrimiento y no de enfermedad. En realidad su tragedia no fue causada por problemas intrínsecos sino por circunstancias del entorno. Si se limitara a ponerle una etiqueta psiquiátrica a lo que han padecido millones de colombianos por el conflicto, la víctima tendría que llorar sola y con ello la realidad sociopolítica que vivió se silenciaría”.

La Fiscalía fue incapaz de determinar si quienes les habían amenazado habían sido políticos corruptos, empresarios con negocios ilegales o paramilitares aliados con todos estos. La procelosa labor de investigación y denuncia que su periódico había llevado a cabo contra estos colectivos en la región obligó a la Fiscalía a admitir su incapacidad de resolver quiénes estaban tras  el hostigamiento por lo que instó al matrimonio a exiliarse como única salvación segura. Pese al apoyo fundamental de organizaciones como la Federación de Periodistas de Colombia y su presidente entonces, el reconocido periodista Eduardo Márquez, o la Pastoral Social con su programa Somos Defensores, el ejercicio de un periodismo independiente y social les costó a ellos y sus hijos un vía crucis que aún hoy les obliga a pasar desapercibido, pese a vivir a cientos de kilómetros de su ciudad y que hayan pasado ocho años desde que lo perdieran todo. Las promesas del actual gobierno de Juan Manuel Santos de cumplir con los derechos de justicia, verdad y reparación a las víctimas siguen sin materializarse en la inmensa mayoría de los casos. De los 6,5 millones de víctimas registradas según el gobierno, en los tres años que lleva vigente la Ley de Víctimas sólo 200.000 han recibido atención integral –que abarca desde lo económico hasta cobertura en educación y salud–, y 50.000 atención psicosocial. Ana Julia y Hever no confían en absoluto en recibir ayuda oficial alguna, ni siquiera la página de publicidad para su medio que han pedido al gobierno y que, recuerda Ana, con lo que pagan a cualquier grupo mediático del país por un anuncio un día, ellos lo mantendrían semanas.

Colombia es uno de los países más mortíferos del mundo para las personas que ejercen el periodismo. La Fundación para la Libertad de Prensa ha registrado 142 periodistas asesinados desde 1977. El último, Luis Cervantes asesinado el 12 de agosto después de que le retirarán las medidas de seguridad que el Estado le había concedido por la veintena de amenazas que había recibido. Luis Cervantes era conocido por revelar los vínculos entre las administraciones públicas locales con las bandas criminales herederas del paramilitarismo (los llamados Rastrojos, Paisas y Urabeños). Ante la reciente noticia Ana Julia se muestra consternada e indignada por la aparente indiferencia. Como repite varias veces a lo largo de esta entrevista, “en Colombia no pasa nada”. Pese a ello, Ana Julia ya perdió el miedo  y “por más que nos vuelvan a amenazar y tuviéramos que escondernos debajo de la tierra, debajo de la tierra seguiremos sacando nuestros medios y por un tubito nuestros micrófonos para que se nos escuche”.

Enlaces recomendados:

Psychosocial job stress and immunity: a systematic review, A. Nakata [eng]
Role of psychosocial stress in complex diseases, G. Scantamburlo, AJ. Scheen [fr]
Physical health problems after single trauma exposure: when stresstakes root in the body,
W. D’Andrea, R. Sharma, A.D.Zelechoski, J. Spinazzola [eng]
La larga y cruel lucha por la tierra en el Cauca, Verdadabierta.com

 

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