Marta Restrepo: “La emancipación de las mujeres pasa por destruir los privilegios”

Entrevista y texto: Patricia Simón       Fotos y vídeo: Alex Zapico

Marta Restrepo López aprendió ya de niña, en su barrio humilde de Medellín, que para proponer modelos de sociedades más justas no quedaba otra que hacer política y con lo que se tuviera a mano. Cuando los líderes sociales que la rodeaban empezaron a ser amenazados y asesinados en los años 80, intuyó que eran sólo las primeras de las tantas pérdidas que vendrían después. “Llega un momento en que tienes mala conciencia por seguir viva y te preguntas si será porque no has arriesgado lo suficiente”.

 La casa malva, que se distingue desde lejos por las pinturas que adornan su fachada, es un constante ir y venir de mujeres de todas las edades pintándose la cara, cogiendo rosas, explicándoles a las niñas por qué van a ir andando en silencio con una flor en la boca y un tiro dibujado en la frente hasta llegar a la famosa Feria de las Flores, una tradicional celebración en Medellín. Quieren denunciar los asesinatos de mujeres que, desde hace meses, han aumentado en la ciudad así como la saña de los feminicidas: decapitaciones y mutilaciones son cada vez más comúnes, según denuncia Marta. Durante el trayecto, las miradas desconfiadas e insidiosas suman muchas más que las solidarias. Nadie se acerca para interesarse por los motivos de tamaña marcha fúnebre y muchos evitan cruzar miradas con las silenciosas manifestantes. Hace unos meses, cuando celebraban con un acto parecido el Día Internacional de la Mujer, unos paramilitares contratados –por obligación– como seguridad privada por los comerciantes del centro de la ciudad agredieron con una pistola eléctrica a una de ellas. Ante la pasividad de la policía, tuvieron que salir huyendo del lugar. Ya en comisaría, un policía les confesaría que no tenían capacidad para intervenir frente a una ciudad absolutamente controlada por el paramilitarismo: cobran mordidas a cada domicilio familiar y negocio a cambio de supuestos servicios de seguridad, controlan ‘fronteras’ entre los barrios que para cruzar hay que pagarles –la alcaldía ha llegado a poner autobuses escolares para que los niños y niñas puedan seguir acudiendo a clases, evidenciando una suerte de Estado fallido–, reclutan a niñas, muchas de ellas hijas de familias desplazadas,  para la explotación sexual y la trata, la cual se ha convertido en un lucrativo negocio para estos grupos ilegales… En cualquiera de estos casos, negarse supone asumir graves riesgos para la vida.

Marta ha dedicado su vida a denunciar los feminicidios que acaban con la vida de más de 1.100 mujeres al año en Colombia, la trata de mujeres con fines de explotación sexual que, en muchos casos, acaban siendo prostituidas en España y el resto de Europa, y la explotación de las mujeres como moneda de cambio de la economía de guerra que rige el país.

Marta Restrepo en la sede de Mujeres Feministas Antimilitaristas (Alex Zapico)

Marta Restrepo en la sede de Mujeres Feministas Antimilitaristas (Alex Zapico)

Es una de las impulsoras de la Escuela de formación feminista dirigida a niños y niñas de las comunas donde residen las familias de desplazados por el conflicto y donde más fuerte es el control paramilitar. Se les orienta en la prevención contra la discriminación de las mujeres, la trata, el racismo, el reclutamiento forzoso…  Una labor promovida por el colectivo de Mujeres Feministas Antimilitaristas, al que pertenece, y cuyas acciones de denuncia en las calles las expone a importantes riesgos para su integridad. “Si nos dejáramos comer por el miedo, no saldríamos a la calle”, sentencia Marta.

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