Beligerarte, grafitis para la transformación social y la memoria histórica

Entrevista: Patricia Simón Vídeo y fotos: Alex Zapico

 

Sara, Erika y Karen pintando en las calles de Bogotá (Alex Zapico)

Sara, Erika y Karen pintando en las calles de Bogotá (Alex Zapico)

Sara, Erika y Karen son integrantes de Beligerarte, un colectivo integrado por sociólogas y sociólogos que en colaboración con asociaciones de la población civil ha llevado la memoria histórica a las calles de Bogotá, cuya alcaldía de Gustavo Petro ha desarrollado una política cultural de divulgación del grafiti y el arte callejero.

Cada una de ellas ha interiorizado la guerra desde entornos diferentes. Como cada colombiano. Erika, a través de su tío, estudiante de medicina y líder estudiantil. Sara, a través de su madre, trabajadora social que llevaba a sus hijos a celebrar los días festivos con las familias desplazadas. Karen, tras estudiar en un colegio de monjas, en la universidad donde buscó sus afinidades entre distintos grupos de activistas.

En un país donde muchos padres responden a sus hijos que para qué van a estudiar sociología, si para tirar piedras en las manifestaciones, estas tres jóvenes encontraron en la apropiación del espacio público la vía para volcar su formación, tiempo y esperanzas en forma de grafitis que denuncian las violencias estructurales del país. “En estos procesos de paz, de reconstrucción del país, y de la reparación que está tan de moda, nosotros estamos haciendo una apuesta política para que la sociedad haga parte de estos procesos. Y no sólo que lean un informe, sino que se sientan involucrados y que generen alguna acción”, nos explica Sara en la casa de uno de los compañeros de Beligerarte y sede del movimiento. Rodeadas de tarros de pinturas, cartulinas y libros, Erika apunta que “aún no se puede hablar de un contexto transicional como sí lo están poniendo las memorias oficiales en los discursos que están saliendo en los medios de comunicación. Por eso la apuesta de Beligerarte es poner en el espacio que no sólo estamos hablando de un conflicto armado, sino que la participación de la sociedad civil esté con el compromiso de que acá hay violencias estructurales de carácter simbólico, el quid para que podamos llegar a un contexto transicional”.

Beligerarte nace plasmando las trampas de la llamada política de seguridad nacional del gobierno de Álvaro Uribe que se saldó con el mayor número de la historia de Colombia de desplazados, desaparecidos y criminalización de los defensores de derechos humanos y periodistas, a los que llegó a tildar de “traficantes de derechos humanos“. El escándalo del DAS, la agencia de inteligencia del gobierno que espió y amenazó mediante llamadas telefónicas, cartas y envíos fúnebres a numerosas ONG, defensores y periodistas reveló una política de amedrentamiento que aún sigue en la impunidad. A partir de entonces, Beligerarte no sólo ha pintado sobre las preocupaciones de sus integrantes, como los desaparecidos o los llamados falsos positivos –asesinatos de civiles pobres por parte de militares para mejorar la imagen exitosa del Ejército en la guerra contra las guerrillas–, sino que también han trabajado conjuntamente con los supervivientes de comunidades masacradas por el paramilitarismo, para reconstruir conjuntamente su memoria y dolor.

El gobierno municipal de Bogotá del exguerrillero del M-19, Gustavo Petro, ha implementado una política pública de divulgación del grafiti con el fin de llevar la memoria histórica y las consecuencias de la guerra a las calles de la capital, una ciudad de casi siete millones de habitantes, de obscenas desigualdades económicas por las que miles de familias de desplazados subsisten gracias a la mendicidad y a la economía sumergida, mientras la modernidad y la riqueza asemejan muchos de sus barrios a los europeos más modernos y cosmopolitas. Sin embargo, esta oportunidad de contrarrestar los mensajes simplistas de los grandes medios de comunicación, aliados en su mayoría con la oligarquía del país, está en cuestión después de que el 9 de diciembre el procurador de la Nación, después de una campaña de acoso por parte de la derecha del país, destituyera al alcalde por supuesta ineficacia en la gestión de los residuos de la ciudad. Una decisión que cuestiona los amplios poderes que ha ido adquiriendo la figura de la procuraduría de la nación, supuestamente dedicada a los derechos defensa de la ciudadanía, y que ha llevado a cientos de ciudadanos colombianos a las calles de Bogotá a manifestar su indignación por lo que consideran un golpe de Estado a la alcaldía más importante del país y cuyas políticas inclusivas dirigidas a las clases empobrecidas, la comunidad LGBT y los servicios públicos cuestionaban las abordadas a nivel nacional por el gobierno de Juan Manuel Santos.

Pase lo que pase, Beligerarte seguirá difundiendo los derechos humanos en los muros de Bogotá, con la importante diferencia de que si dejan de contar con el respaldo institucional, se agravarán los riesgos a los que están expuestos sus integrantes. Al fin y al cabo estamos hablando de un país donde la crítica a los crímenes del paramilitarismo y del Estado se han pagado demasiadas veces con la vida. En concreto, sólo en la primera mitad de 2013, con la de 37 hombres y mujeres que dedicaron sus horas y días a la defensa de la justicia, la dignidad y la paz.

Beligerarte, grafitis por la memoria histórica y la transformación social from No habrá paz sin las mujeres on Vimeo.

 

Galería de algunos de los grafitis que se encuentran por la ciudad de Bogotá y de distintas autorías

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